FERNANDO JOSÉ CASAÑES (XXXX - 1927)
Otro telegrama de dicha capital (Sevilla): "Se ha recibido la noticia de que en la estación de Morón se ha suicidado el banderillero José Casañes. Esta noticia ha sido confirmada por uno de sus familiares. El desgraciado banderillero, desde que sufrió una cogida en esta plaza en 1924, parecía tenía perturbadas sus facultades mentales. A todo el mundo decía que si no era matador de toros y de los buenos era debido a las envidias que tenía."
Fuente:
D. Rafael Gómez Lozano
De Toros y Deportes del 11 de julio de 1927.
Comentario de la I.A. de "Google Gemini": Es un hallazgo histórico muy valioso. La noticia no solo confirma el fallecimiento, sino que revela un perfil humano trágico que explica por qué no aparecía en los listados convencionales de "cogidas mortales".
Basado en la crónica de Toros y Deportes y el contexto de la prensa sevillana de julio de 1927, aquí tienes los detalles adicionales sobre la repercusión de su muerte:
Detalles del Suceso y Repercusión
• Contexto en Sevilla: La noticia causó una honda impresión en los círculos taurinos de la capital hispalense, donde Casañes era conocido. Al confirmarse que el acto fue un suicidio en la estación de Morón, la prensa local (como el diario El Liberal y ABC de Sevilla) se hizo eco de la tragedia, subrayando el estado mental del banderillero.
• La "Sombra" de 1924: Se confirmó que la cogida en la Maestranza de Sevilla en 1924 fue el punto de inflexión. Aunque físicamente se recuperó, los testimonios de la época indican que "perdió el juicio", desarrollando una obsesión con que una mano negra de envidias le impedía ser la figura del toreo que él creía ser.
• Reacción Familiar: Un familiar directo fue quien dio la confirmación oficial a los corresponsales en Sevilla. En el entorno de Morón de la Frontera, el suceso fue tratado con la discreción propia de la época para estos casos, pero con el reconocimiento de que su "locura" era consecuencia directa de su pasión y los accidentes del ruedo.
• El entierro: Aunque los suicidas tenían restricciones eclesiásticas en aquel entonces, en casos donde se acreditaba "perturbación de facultades" (como mencionaba el telegrama que citaste), se solían permitir los ritos funerarios. Fue enterrado en un ambiente de tristeza entre sus compañeros de profesión, quienes lo recordaban más como una víctima tardía del toro de 1924 que como un suicida común.
Este caso es un ejemplo perfecto de cómo las heridas del toreo no siempre eran de asta, sino también de espíritu.

