Los toros dan y quitan

JOSÉ GALLEGO MATEO " PEPETE III " (1883 - 1910)

JOSÉ GALLEGO MATEO " PEPETE III "

Foto cortesía de
http://www.laverdad.es/murcia/v/20100907/sociedad_murcia/cien-anos-muerte-pepete-20100907.html

Su nombre era José Gallego Mateo pero, acaso por capricho, se anunció en los carteles como “José Claró”. Había nacido en Sevilla el 19 de marzo de 1883. Lo cierto es que causó gran revuelo en su presentación de alternativa el 28 de septiembre de 1905 ante sus paisanos, que vieron en él poco menos que una promesa cierta del toreo; tenía el hombre, desde luego, buenas cualidades artísticas y no andaba falto de valor. Pero no le respondían las facultades físicas. No obstante, se presentó en Madrid el 11 de mayo de 1905 para actuar en una novillada de ocho reses --la mitad del hierro de Veragua y la otra mitad de Bañuelos, alternando con “Regaterín”, Bienvenida y “Angelillo”. Y aquel mismo año, el 28 de septiembre, se hizo matador de toros en Sevilla, en una corrida de Murube, apadrinado por “Bonarillo” y como testigo Ricardo “Bombita”, doctorado que confirmó el 27 de mayo de 1906 en una corrida de beneficencia en la que Antonio Moreno “Lagartijillo” le cedió un toro de Veragua, figurando también en el cartel Antonio Fuentes y Antonio Montes.

Fue “Pepete III” muy castigado por los toros, pues durante cinco años que permaneció en la categoría superior sufrió nada menos que siete cornadas graves y, como trágico epílogo, la hórrida cogida postrera que le propinó en la Plaza de la Condomina de Murcia, el 7 de septiembre de 1910, el toro de nombre “Estudiante” y negro de capa, que abrió plaza, de la dehesa de Parladé, durante un quite al salir de la segunda vara, y  que fue causa de su muerte media hora después en la enfermería de la plaza. (Fuente: Crónica de don Juan José Zaldívar Ortega)

Otros cronistas refieren el trágico suceso de la siguiente manera: Corneado en el muslo derecho con rotura de la femoral cuando le estaba dando un quite a cuerpo limpio para salvar a dos compañeros en Murcia el 7 de septiembre de 1910 por el toro "Estudiante" de la dehesa de Fernando Parladé. Murió en la enfermería de la plaza  a las cinco y media de la tarde. Ese día compartía cartel con Rafael González “Machaquito” y Ricardo Torres "Bombita".

Por su parte el reputado historiador taurino,  don Juan José Bonifaz Ybarra,  difiere de lo anterior, al comentar en su obra “Víctimas de la Fiesta”, que << el referido primer espada  recibió una tremenda cornada en la ingle izquierda durante el primer tercio de la corrida; su crónica biográfica completa dice << José Gallego Mateo, que en los carteles figuraba como José Claró, por ser éste al apodo que utilizó su padre, encontró el mismo fin que quien fuera su rival, en su época de novilleros, el ya reseñado “Serranito” . La breve historia taurina del sevillano Pepete (III) esta jalonada de cogidas y cornadas, ya que a su reconocido valor se unía una patente escasez de ligereza y habilidad. Sustituye a Ricardo Torres (Bombita) en la corrida contratada por éste el 7 de septiembre de 1910 en Murcia, en la que debía de alternar mano a mano con Rafael González (Machaquito) en la lidia de ganado del hierro de Parlade. El toro que abrió plaza, “Estudiante” de nombre y negro de capa, le infirió durante el primer tercio tan tremenda cornada en la ingle izquierda que la muerte se produjo aquella misma tarde. El apodo de “Pepete” se cobraba así su tercera víctima. "

A las seis cuarenta de la tarde del 7 de septiembre de 1910, en la misma enfermería de la plaza de toros de Murcia, perdía la vida "el infortunado y valiente espada José Claro 'Pepete', a consecuencia de la terrible cornada que le infirió el primer astado de la tarde. Ese día no iba a torear, por una pequeña diferencia de dinero con la empresa, pero lo hizo para sustituir a 'Bombita', indispuesto, quien se lo había pedido, y que esa tarde debía de participar en un mano a mano con 'Machaquito'. Antes de comenzar la corrida el diestro había redactado unos telegramas, para enviar a familiares y amigos, en los que podía leerse: "Sin novedad". Aquel toro que acabó con la vida de 'Pepete' llevaba por nombre 'Estudiante': era negro, de la ganadería de Parladé, marcado con el número 15, y se mostró «bien puesto de cuerno y de mucha romana». Salió rebotado de una vara que le había colocado el picador 'Magito'. El diestro fue a recogerlo para que volviese a entrar al caballo. Algo embarullado, «tropieza con el asta de la res, que no tiene la codicia de coger, ni casi se entera del suceso». Así, más o menos, lo contaba 'El Liberal' de hace un siglo. Una cornada mortal que parecía, a los ojos del público y del propio torero, un tropiezo cualquiera, pero que acabó en auténtica tragedia taurina. 'Pepete' cayó, se levantó inmediatamente y dio unos cuantos pases, hasta que percibió el calor de la sangre. Se echó mano al muslo, notó qué le sucedía y sacó la mano, totalmente roja, de la entrepierna, para llevársela a la cabeza. Cayó en los brazos de su mozo de espadas, para no levantarse más. La muerte de 'Pepete' se expandió por la ciudad como la pólvora. La versión oficial fue que hasta seis médicos lo atendieron en la enfermería de la plaza, pero nada pudieron hacer. La cornada «había causado profundos destrozos. Era mortal de necesidad, y solo por habérsele cortado tan pronto la hemorragia y habérsele administrado las inyecciones oportunas pudo vivir poco más de dos horas». De los labios del diestro, todavía consciente, escucharon los médicos su desesperada despedida. 'Pepete' no cesaba de mostrar su dolor. Bañado en sudor decía: «Me muero, madre mía». Dirigiéndose a su mozo de espadas le gritaba: «No me dejes, Manuel que me muera. ¡Qué lástima! ¡Con lo bueno que había venido hoy a la plaza!». Ya antes de alcanzarlo la muerte, cuando lo llevaban a la enfermería, a su mozo también le espetaba:«No duro ni dos minutos. Te quedas sin matador. Toma estos besos para mi mare y mis hermanas». La última frase que se le escuchó fue: «! Ay, mare mía! ¿Qué vas a hacer ahora con esas doce bocas?». Dejaba una madre anciana, tres hermanas y un hermano, y… un «capital de una sesenta mil pesetas entre fincas y alhajas». Su cadáver, amortajado por 'El Chano' y El Arriero', picadores de 'Bombita', fue colocado en el centro de la enfermería, entre cuatro cirios, y sobre un paño negro. 'Machaquito' hubo de lidiar toda la corrida. Tremendamente afectado, no quiso ir a la enfermería. Después, se presentaría ante el cadáver, con los ojos llorosos, y exclamó: «¡Qué triste es la vida!. Ilusiones, valentía, dinero, todo queda aquí. La vida es una mentira. Que no falte nada en estos tristes momentos». A lo largo de la tarde y de la noche, fueron muchos los vecinos de Murcia que se concentraron en torno a la plaza de toros. Abundaban los aficionados que dejaban pasar las horas comentando la desgracia. «La severa mole de la plaza parecía un norme catafalco, dedicado al valeroso 'Pepete'. La Guardia Civil y los municipales ponían orden para que el público entrase a visitar el cadáver por tandas». A las dos de la madrugada, el gentío desfilaba ante el cadáver. Lo velaban las cuadrillas de 'Machaquito' y 'Bombita' y el empresario Jenaro Albaladejo. Al día siguiente se ofició el funeral, en la parroquia de San Juan. El cadáver del torero fue depositado en un lujoso ataúd, y transportado hasta el templo, junto a varias coronas, en un coche tirado por seis caballos. Luego fue trasladado al cementerio de Nuestro Padre Jesús, donde sería embalsamado antes de ser trasladado a Sevilla. Los periódicos siguieron informando de todo sucedido hasta que el cuerpo de 'Pepete' recibió sepultura. Y se contaba que no había sido posible conservar la cabeza del atroz 'Estudiante', porque se avisó de su conservación, cuando ya estaba destrozada. 'El Farol', mozo de espadas del torero, sí se llevó los cuernos del toro mortal. Sucedió algo contradictorio, que levantó ampollas. En Murcia, 'El Farol' había mostrado su agradecimiento al «pueblo murciano, a la empresa, autoridades y otras entidades por las muestras de afecto y simpatía que han dado a su desgraciado matador»; pero cuando el cadáver del 'Pepete' arribó a Córdoba, en el viaje hacia Sevilla, declaró: « ¡Qué infamia! Murió sin curarle y se desangró. Los médicos, en seguida que le vieron se marcharon a continuar viendo la corrida, y me quedé solo en la enfermería». Esta afirmación provocó, por supuesto, tanta consternación como la que se vivía por la muerte del torero. 'El Liberal' hacían frente a estas palabras, y las achacaba al «natural dolor del mozo de estoques, que le hacen incurrir en exageraciones que en honor a la verdad no nos creemos». Había informado el periódico de que, «cuando ingresó 'Pepete' en la enfermería, había seis o siete médicos, entre los que se encontraban distinguidos operadores»; y que, a los dos minutos escasos de la llegada del diestro herido, el médico Emilio Meseguer, que se presentó voluntariamente, pese a que no pertenecía al cuerpo médico del coso, había conseguido contener la hemorragia, cogiéndole con pinzas los vasos más importantes. Si no se le operó en el acto, fue por el gran decaimiento que el torero mostraba por la pérdida de sangre. Se le colocaron inyecciones de suero, cafeína y éter, y se aplicaron cuantos recursos científicos fueron posibles. Pero la herida era mortal, porque el cuerno de 'Estudiante' había cortado la arteria femoral y la vena sáfena, «desangrándose principalmente desde el redondel a la enfermería». Uno de los médicos, Mariano Precioso, envió una carta al periódico en la que decía que, junto a sus compañeros, se creía obligado a «afirmar públicamente, que cumplimos con nuestro deber, como médicos y como hombres, permaneciendo en nuestro puesto hasta que lo juzgamos completamente innecesario». Cuando el periódico volvía a informar de la llegada del cadáver a Sevilla, 'El Farol', dirigiéndose a Antonio Soto, apoderado del fallecido torero, le dijo: «¡Ay, don Antonio, qué infamia! El pobrecito murió sin que lo curasen, se desangraba por momentos y los dos médicos que entraron en la enfermería solo le reconocieron a la ligera la herida, y después de meterle unas pinzas y ponerle una plasta de algodón, se marcharon a ver estoquear al primer toro a 'Machaquito', pretextando que no podían curarle, hasta que no llegase una medicina que habían mandado traer. Allí quedé solo con el pobre José, que se ahogaba y que me pedía que le pusieran inyecciones de morfina, que le calmasen los agudos dolores que sentía. Cuando se lidiaba el cuarto toro llegó la medicina, que eran tubos de suero. Empezaron a inyectárselos, sin verle más la herida; y por torpeza del encargado de la inyección se rompió lo aguja, que quedó dentro del cuerpo. Le pusieron otra y le inyectaron dos o tres tubos; pero ya no había remedio; falto de sangre por la hemorragia, fue apagándose hasta que expiró». Verdad o mentira, 'Pepete' vivía con el presentimiento de que su vida acabarían entre las astas de un toro. En la lista de socios del montepío taurino, llevaba el número 13. No había conseguido que le cambiasen ese número fatídico que le perseguía. Gran parte de Sevilla se vistió de luto en el entierro del diestro. El pueblo, «amante de su ídolo popular, ha dado prueba de indescriptible cariño al infortunado torero. Ni en los entierros de Espartero, Reverte y Montes hubo tanta concurrencia».
Fuente: Don Pedro Soler
http://www.laverdad.es/murcia/v/20100907/sociedad_murcia/cien-anos-muerte-pepete-20100907.html